17 diciembre 2006

INVIERNO


Hay que coger el tren para ir a Jamaica. A Jamaica Station. Patinar en Central Park es lo mejor que podemos hacer si nos quedamos una mañana extra en Nueva York. Además, así veo la Quinta Avenida. Nos han envuelto un edificio para regalo. Hay árboles plantados en la fachada de la torre Trump. Escaparates tan elaborados como una tarta de bodas. Pero la pista de patinaje es patrimonio de los madrugadores.

Los camiones de Chinatown han sido presa de los grafiteros y los bomberos trabajan sin descanso, Broome Street arriba y abajo. Llevan tres banderas en cada camión, pero no nos rescatarán si viajamos al futuro buscando un recuerdo. Hay militares armados hasta los dientes en todas partes y no sé si estamos en alerta máxima o si forman parte del atrezzo. Como algún que otro escaparate con iluminación navideña no apta para epilépticos.

No hay peluquerías abiertas en Times Square si las buscas a las diez de la noche. ¿No es ésta la ciudad que nunca duerme? La empleada –afroamericana-estupenda- de Sephora nos mira atónita. ¿Para arreglaros el pelo? Sí, claro. Y habla por su pinganillo: atención a todas las unidades, ¿alguien sabe si hay por aquí una peluquería abierta? Silencio. Le sigue una sonora carcajada y un "gracias, Paul". La respuesta ha sido negativa. Y nosotras queremos saber qué burrada ha dicho Paul.

No hay plazas para todos. Hoy tampoco. Miro sobre los respaldos con la esperanza de que haya faltado algún pasajero. Parece que no. Sólo espero que M. salga en el siguiente vuelo. Ahora, no sé por qué, necesito un abrazo. Que el desconocido que finge dormir en el asiento de al lado me pase el brazo por los hombros y finja también que le importo. Qué absurdo. Lo que de verdad quiero es que el desconocido sea él. Y que los árboles de Central Park vuelvan a vestirse en primavera. Y se desnuden de nuevo en invierno para lucir este traje de luces. A veces le busco con la certeza de haberle encontrado. Y haberle perdido. Y creo adivinarle en todos los misterios que me rodean. Creo verle desde la azotea del Rockefeller Center, en esa calle con taxis de juguete. Pasará por ahí dentro de unos días, unos meses y quizá durante años. Verá los mismos anuncios espectaculares de Times Square ignorando que yo también estuve allí. Y que volveré para tomarme un cosmopolitan en el Bowery ballroom. Para maravillarme ante el dieciseisavo de tarta del flatiron, y ante esta ciudad de ciudades.
La fantasía con el desconocido se desvanece como el vapor en el espejo del baño al abrir la puerta. Se sorbe los mocos constantemente y ahora se ha metido un dedo en la nariz. Lleva barba de unos días. Después de comer intenta limpiarse los dientes con una uña. Pero no tiene uñas, así que opta por morderse el muñón. Las estaciones de metro neoyorquinas son limpias a su lado. No puedo cambiar de asiento. No puedo soportarle. No quiero que me roce siquiera. Quiero dormir, pero echo en falta la canción de cuna de la discoteca. Enciendo mi reproductor de mp3 pero no sirve de nada, mi vecino me despierta con su migración de mocos. Necesito soñar con el atardecer neblinoso de la ciudad, con el árbol del Rockefeller Center y sus patinadores, con nosotros llorando de frío al ver la estatua de la libertad desde el ferry de Staten Island, con el Empire presidiendo la línea del cielo y el Chrysler reinando con sus coronas sobre un fondo pastel hielo. Necesito volver para pasear al atardecer por el puente de Brooklyn. Necesito volver.

5 comentarios:

Noamanda con las mujeres en la sombra dijo...

Oye qué bonito!
Me gusta como escribes, con facilidad y de fácil lectura.
Ays, qué tonterías digo; na que está bien el relato ;)

Hay veces que aflora en mí un erizo :)

Gilda dijo...

¡Noa! Qué agradable sorpresa. Y qué casualidad: creo que fue anteayer, de madrugada, cuando, buscando otra cosa, fui a caer en tu blog. Me gustó mucho, pero estaba demasiado cansada como para escribir comentarios. Ya habrá ocasión ;)

Respecto al texto... bueno, yo creo que debería pulirlo (le veo tantas aristas!). Pero no tengo tiempo. Tomo notas y las reconstruyo aquí. Gracias por tu comentario (y tú no dices tonterías).

Besos para ti y para ese erizo de suaves púas.

Uma Chusma dijo...

¡Vivan los erizos que afloran cuando menos te lo esperas!
No sé cuando, pero volveremos.

Anónimo dijo...

Gilda, pozhal'sta: ya predpochitaiu shto moi novyi blog nie budet v linkax. Ya pozboniú tebe i obiasniú. Ya predpochitaiu shto moi novyi blog - taina (neznakomyi) dlia neskol'kikh chelobek.

Tseluyu tebe.

Bielka

Gilda dijo...

Uzhe sdelano, Bielka, ne bolnuites, tainstvennaya podruga, tvoi blog sekretno ostayotsa. Izvini, potomu shto ya tebe ne sprasila. Proshu proshenie.

Tseluyu.